Conciencia ambulante: Las dos caras de la vida con una perspectiva verde.

Los pasos de Luis Rodríguez en la fría Bogotá, van acompañados del carro de Mercado que adecuó él mismo para llevar su venta ambulante. Pese a que la labor que desempeña es informal, su vestuario es muy formal, camisa de botones, pantalón, zapatos negros, gorra y un tapabocas desgastado.

Sin mayores oportunidades laborales y la necesidad latente de buscar la comida, salió de su casa en la localidad de Usme hace más de 20 años cargando un morral lleno de bolsas para ofrecer en las calles y de esta manera generar ingresos.

Inició ganando un promedio de $15.000 diarios en la década de los noventa, hoy solo sale los miércoles y los viernes para ganarse $25.000.

Aunque la mayoría de los productos que vende son plásticos, él no siente el impacto ambiental que causan dichos elementos, pues argumenta con tranquilidad desde sus creencias religiosas que “la tierra tiene la capacidad de destruir estos desechos”

“El hombre se ha afanado disque porque el plástico contamina el planeta tierra, pero no deben preocuparse por eso, porque la tierra está diseñada para desintegrar el plástico y las materias primas que uno rechace”, expresó este ciudadano de Bogotá cuyas convicciones parecen alejarlo de la preocupación por efecto de la contaminación ambiental.

No muy lejos de allí tiene su puesto de venta ambulante de tinto, dulces y cigarrillos  , Omaira Minda, una mujer nacida en Caracas, Venezuela que  vive desde hace 5 años en la capital de Colombia. Ella por el contrario se considera inquieta ante los temas ambientales, evita usar bolsas plásticas y recoge la basura aledaña al lugar donde trabaja.

A diario tiene que ver cómo los “recicladores” apartan los vasos plásticos del material que se llevan para vender, generando más basura y menos conciencia en el impacto que estas conductas  tienen en las nuevas generaciones, pues es madre de una adolescente y una niña, a quienes educa con corazón verde y sentido de pertenencia.

“Yo vivo agradecida con Colombia, es un país de oportunidad y por eso trato de aportar manteniendo limpio este lugar”, expresa con orgullo Omaira, que gracias a su esfuerzo, puede hacer realidad el sueño de enviar a su hija mayor estudiar a España.

Luis y Omaira representan dos maneras diferentes de pensar que convergen en un mismo escenario, las calles de Bogotá, aquellas que recorren a diario miles de personas en busque que oportunidades y crecimiento profesional.